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Crea un portal interespacial junto a la nevera de su madre
Pedro Ramoncín, natural de Jérez de la Frontera y becario del ICEX en el campo de la física teórica, es uno de los pocos afortunados científicos del mundo que ha sido capaz de desarrollar y construir una pistola creadora de portales interespaciales plenamente funcional.
Inspirado por el videojuego de Valve y gracias a la financiación del estado español, que premia sus esfuerzos y avances con la nada despreciable cifra de 957,32 € (novecientos cincuenta y siete euros con treinta y dos centimos) mensuales, el científico de 26 años de edad y prometido con una joven de Murcia llamada Sonsoles fue capaz de construir, a lo largo de su primer año de doctorado, una pistola capacitada para crear dos portales que permiten comunicar entre sí dos coordenadas distintas del universo. Y aunque en un principio pensó que podría mover sendos portales a su antojo, pronto descubrió que las implicaciones prosopopéyicas de la teoría de cuerdas impedían que tal logro prosperase y tendría que limitarse a la creación de dos portales de emplazamiento fijo.
Tras varios meses de dudas, y gracias a dios que el primero de los portales tenía un emplazamiento fijo en su estudio compartido de la calle Infantas, entre instalar el segundo de los portales en la habitación de su novia, lo que fue descartado dado el escaso compromiso con la ciencia mostrado por ésta, quién en no pocas ocasiones se había referido a los portales interespaciales como “gilipolleces para no ir a conocer a mis padres”, en el laboratorio de la Universidad Politécnica, opción que se mantuvo hasta el último instante por ahorrar gastos de transporte y atascos en el devenir diario, y detrás de la portería del fondo sur del Bernabeu, lo que se descartó categóricamente tras la eliminación de la Champions y por diversos problemas logísticos, Pedro Ramoncín decidió instalar el segundo portal interespacial en la cocina de su madre, sita en Jérez de la Frontera, lo más cerca posible del frigorífico. De esta forma se garantiza el suministro de viandas desarrolladas de forma casera de por vida, sin moverse de su estudio y con el mínimo esfuerzo.
Su madre Catalina, una ama de casa dedicada a sus labores, mantiene una actitud de moderada felicidad respecto al logro de su hijo. Aunque por una parte muestra cierto optimismo gracias a que su niño “no pasará hambre en Madrid”, por otro lado se queja amargamente de que ahora no sólo tiene que dar de comer “al vago de mi marido, que está jubilado y se pasa el día rascándose los huevos y arrimándose a los guiris en los autobúses interurbanos” sino también a los compañeros de piso de su hijo. “Además”, nos cuenta, “no te creas que se asoma por el portal para preguntar qué tal están sus padres, no, sólo lo usa para pedir”.
Cuenta la madre que debido al portal se ha llevado no pocos sustos, ya que comienza a ser habitual que a altas horas de la madrugada un brazo se introduzca por el portal interdimensional y abra la nevera “a ver si han dejado algo”. En el colmo del abuso han incluso introducido una pajita en Madrid mientras uno de los colegas del instituto de Pedro sostenía un rebujito en Jeréz, lo que terminó por incendiar los ánimos familiares. De esta forma los padres están dispuestos a cerrar el portal y aunque no han podido con las leyes físicas sí que han sabido adaptarse a ellas y han tapado el agujero de gusano con un tapete. “Así está más bonito” afirma Catalina. “Además mi marido se va a echar las siestas enfrente, y como vea que alguien coge una cocreta o una empanadilla a deshoras los va a aviar“.










